Wednesday, August 24, 2011

La Antologia Anual «Sin Fronteras» de Gaceta Virtual (2011)


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Por Carlos López Dzur
La revista Gaceta Virtual que dirige Norma Segades Manias ha confeccionado este año su Antología Anual «Sin Fronteras». Sin fronteras muy bien puede que perfile una recopilación, excelente y cualitativa, de poemas de autores que escriben en español, independientemente de si residen en los EE.UU. o Europa; el recaudo poético se fortalece con ilustraciones, pinturas al óleo, acuarelas, fotografías, y/o medios gráficos, en los que destacan los artistas Vito Campanella (residente en Monópoli-Bari-Italia), Ana Isabel André, residente en Alentejo-Odemira-Portugal, la italiana Rita Panfili, el brasileño Sebastiao Salgado (de Aimorés-Minas Gerais-Brasil), la acuarelista Edith Lomovaski (de Telaviv-Israel), Berenice Barreto Fernández (de Crato Ceará, Brasil) y el artista Luis Roberto Makianich, residente en Huntington Beach, CA.

Rita Velosa, de Sao Paulo, Brasil, aporta poemas en portugués y otra residente de São Paulo, Marta Rodríguez, poesía y prosa en portugués. En traducciones al español por François Szabó, la rumana Ioana Trica (oriunda de Grindu, Ialomita. Rumania) nos brinda textos poéticos y, en español un fragmento de la novela Historias de Falacia lo envía Gustavo Consuegra Solórzano, quien reside en Helsinki-Finlandia. También el chileno Ian Welden se despacha con textos desde Copenhague, Dinamarca, y Oliver Herrera Marín envía sus poemas desde París. Muy agradablle fue hallar un envío de Norton Contreras Robledo, desde Malmö- Skåne, Suecia, sobre el esencial tema Sobre el oficio de escribir.

Me detendría, con una reflexión aquí, porque pienso que todos los autores de esta antología, han pasado por una experiencia más o menos similar a la descrita por Contreras Robledo cuando intenta explicarse su primer contacto con el lenguaje y descubre que «las palabras llevan en si la magia y el embrujo del poder de multiplicarse a si mismas». «Escribo para seguir multiplicando las palabras... Cuando escribo voy sembrando palabras para cosechar ideas, deseos, ilusiones y sueños. Que ellas sean estrellas y soles en la inmensidad del universo de la vida. Que ayuden a iluminar el camino del nacimiento de una nueva alborada y con ella un mundo más libre y solidario». Y, finalmente dice: «Escribo en tributo a mi madre, con la creencia de que sus palabras sigan prolongándose a través del tiempo».

Este proceso suyo combina mirada, infancia, firmamento y diálogos con su madre, de modo tal que es «misterio inalcanzable a mi entendimiento»; proceso amplio y complejo donde todos los sentidos perceptivos (oir, ver, habla) se urgen, se combinan; en experiencia tal participan los recursos de memoria y familia, así como los escenarios de naturaleza, lo real y lo mágico, fantasías que nutren el «mundo interior», del poeta y escritor Contreras Robledo.

Mis recuerdos de ese primer contacto me llevan a la voz de mi madre. A los lejanos días de mi infancia. A las noches de veranos sentados en el patio de la casa. A las de inviernos sentados alrededor de un brasero en el medio del salón de la casa... Eran los tiempos en el que el cuenta cuenta nos traía lo mágico-real en la voz de mi madre y nos llevaba a ciudades y reinos, a personase historias, éramos pequeños y para nosotros la frontera entre lo real y lo mágico, se mezclaban y confundían... (...) En mi mundo interior lo real y lo mágico han estado desde mis más tempranos días de mi infancia (cf. Sobre el oficio de escribir
Desde este marco general, es que intuyo la naturaleza de todos los poetas participantes en la Antología Anual, aunque por momentos el tema escape hacia algún aspecto concreto que clasifique con mayor definición. Utilizo como categorías temáticas la de poetas con énfasis social, atruístico, organizador, proclives a la denuncia o protesta. Otros poetas manejan un lenguaje individualizante, les preocupa su Yo, en ocasiones su erotismo. De los primeros se diferencian esencialemnte en que el poeta social es crítico severo, a menudo propositivo; necesita hacer ofertas concretas de cambio y el acercamiento empático y dialógico con grupos. Ambos grupos puede tener buena fe, ideales confraternos; pero sólo el primero lo hace evidente con su palabra.

Además, hay un tercer elemento heurístico, que da una más compleja carga simbólica a la poesía y representa al grupo de poetas que aprovechan metáforas de la mitología, la religión o la Psicología de a profundidad. Manejan a menudo los Arquetipos, vistiéndolos de nuevas palabras, si bien las mismas interpretaciones. De los poetas que intuyen como Jorge Luis Borges que la «irrealidad es condición del arte» y que es el «lenguaje», las ficciones, o las invenciones de la filosofía y la Teología, lo que confieren un sentido y una dirección a la realidad inventada que forja el hombre. No es la vida, sí el lenguaje. Los poetas del segundo y tercer grupo, los del Yo individualizante y el Yo cósmico-arquetípico, son más cónsonos con este criterio borgeano de qu el hombre, con su lógica y su razón, no es capaz la realidad cósmica-divinal. No obstante,.él puede crear valores simbólicos y relativos, «ficciones, o laberintos» de aproximación para la reaiidad incomprensible; juegos de ajedrez, áglebra secreta como en los sueños'[ así puede desentrañar sus propios motivos secretos de creación y teleología.

Una antología, con el lema «Sin Fronteras», por lo mismo que no excluyó a españoles de distintas regiones peninsulares, ni a suramericanos, centroamericanos ni a caribeños, tuvo una representación en los Estados Unidos con los poetas Yosie Crespo, de Miami, Luis Ambroggio (Washington, DC), Miriam Brandan y Carlos López Dzur (California). ¿Qué implica? Que las convocatorias virtuales pueden ser exitosas. La internet está poniendo en contacto a poetas de una calidad importante en lenguaje española y desde cualqioera sea el lugar del mundo.

Un emprendimiento editorial y virtual de esta calidad no sorprende, considerando el esfuerzo, disciplina editorial, experiencia y criterios selectivos que distinguen a la directora Norma Segades, también directora de la Editorial Alebrijes, y que tenga una representación tan diversa tampoco. De hecho, el número de poetas argentinos es preponderante. Tienen una intensa vida virtual en favor de las artes, sólidas comunidades de artistas, con madurez y riqueza estética, y esta presencia poética sólo se explica por amor a la lectura y a su formación humanística y literaria.

Entre las inquietudes que me despierta este homenaja antológico, fundamentalmente al idioma español, aunque haya textos en portugués incluídos, una es el sentido de solidaridad, el vínculo poético con el idioma, no imporfa el lugar del mundo en que se esté. La antología sirve para recordar cuán migratorios somos los poetas y los artistas todos y cuan hermosamente se cualifica el deseo de comunicar y pensar, entre otros temas, los siguientes, que son los que abundan en esta muestra:

(1) Cada vez que leo una antología me gusta ver la salud o estámina social de los grupos o poetad de los diversos países que se representan. ¿Quiénes articulan una voz política, o utilizan el poder persuasivo / sugerente / de la palabra ;para iluminar disyuntivas? porque todo puede ser, ante la sensibilidad, una 'causa' que requiera de apoyo: la ecología, el desamparo infantil, el hambre o la opresión.... Creo que todos los poetas andan en una búsqueda subjetiva, en adición a lo social, mas: ¿cuán urgente es la primera a fin de no darse una evasión?, siendo que como dice la bonaerense Amalia Mercedes Abaria vivimos / miramos / como desde «frágiles plataformas», sedientos de horizontes y con deseos de «lanzar (el) corazón hacia la luz»:

«Hay que sacarse de nuevo las raíces para amar.
Ponerlas arriba de la mesa y mirarlas largamente».


Entre poetas abiertamente sociales, en esta muestra, están los argentinos Bernardo Schifrin (la compasión y defensa del campesino); la chilena Alicia Fonteclla (quien, entre sus textos, protesta la criueldad de la dictadura de Augusto Pinochet, «el día en que los militares le dieron vuelta la casa a culatazos»), la residente de Honduras, Diana E. Vallejo, en su Fuga Política, avisa sobre la cantidad de «buitres (que) rodean el Congreso», la naturaleza de «sus voces huecas e impopulares», como «trampas mediáticas», cuya misién está ya vigente:

asechan a los hijos no natos,
vuelan cerca
se quieren comer sus voluntades…

A este poema de grito y desesperación, la propuesta es aprender de (hacernos) «la voz cantante / Lo sabio de un pueblo humillado». Si bien sentimos una hablante poética que «Busca la raíz / su origen», ir fondo de su angustia («la hierática angustia / la calma que estrangula») para poder superarla y, de veras, llegar «hasta nosotros / De nuevo»). El libro inédito Los abandonos, del que ella ha colaborado sus textos, muestra una profunda, enérgica poeta de estámina existencial.

Rossana Arellano, chilena prefiere cantar a la «Patria no dormida», a la que puede ser «espiga de paz, madre infinita». Canta a la libertad y a lo que, a su juicio, la represente: «guerrillera a la sombra de la ira». Poesía compadecida ante lo que origina el «estandarte de miseria, / madrugada de hambre, dentelladas al alma», como en la metáfora del ladronzuelo.

Basta por ahora estos nombres. Claro, que son muchos más; sólo marcamos el tema e indicamos que verse entre ese listado de participantes es ya de por sí honra. No hay temas en que no se haya poetizado con la necesaria dignidad del oficio.

(2) En esas búsqueda por la Palabra que el poeta ejecuta, abundan como especificidades de fondo la necesidade de reparar acaeceres y vivencias / Ehrebnis / desde lo cotidiano y conjurar lo que se repite. Nos sorprenden la multidiversidad de aproximaciones, enfoque y métodos, con que los poetas se competen en hacerlo. Abeillé Raúl Aberto lo cumple, aplica su enfoque cotidianista, hasta con su perro; porque 'amasamos' al 'animal de cada día', animal / como biología que somos. Y, en lo bueno y en lo malo, somos unbs seres de costumbres. Quien busca la Palabra, el decir poético, en realidad busca un pensar, en el sentido heideggeriano de que el «pensar del ser es el modo originario del decir poético» y desde donde por vez primera el lenguaje accede a su esencia, a su verdad como dictare originario. La especificidad del fondo es la necesidad de un pensar que saque la esencia de donde fue guardada, remítida u olvidada. la poesía en «el reino de la verdad del ser».

El tipo de textos cotidianos requiere de observaciones precisas, lenguaje concreto, y eso lo vemos en él (Abeillé) y otros observadores como Oscar A. Agú, buen descriptor de los detalles femeninos, especialmente la mujer oprimida, explotada, la prostituída; su ver es como el oír a quien grita desde el desparpajo de los cuerpos «para disimular su miedo / para ocultar desasosiego / para sostenerse en el eco. (...) Gritan sostenidas, en el muelle de la vida, / por la intemperie / por el ademán grosero / y la ausencia de caricias» (O. A. Agú). Ogú explora temas de la cotidianidad sicológica; con observaciones precisas de comportamiento, plantea el problemas de las alienaciones.

La inhabilidad poética de entrar a la especificidad, al fondo de la verdad, se relaciona a la existencia desprovista de sentido, Este velamiento en la habitualidad quita gozo de vida y produce hastío. El poeta sabe, en su pensar originario y puro, que no se puede vivir de gratuidades, o sin fundamentación. El oficio esencial del poeta es transparentar, en beneficio propio y ajeno, lo que queda por perder o temer. Entonces, la voz del poeta es la más apasionada, la más conmovida y la grita a riesgo de una totalidad agobiante, presente, contra el ente-ser.

Claudia Villafañe Correa tiene una fluída, estructuralmente económica manera de capturar las descripciones de relaciones amorosas y hacer «retratos domésticos» con su artesanía de lenguaje amatorio. Esta poeta de Salta, Argentina, nos prueba que siempre se puede decir algo nuevo, emotivo y resfrescante, con las menciones de «besos prohibidos» y detalles de lo cotidiano. «La comunión cotidiana / de nuestras multitudes. / Los egos. / La falsía y la verdad / de las promesas», «Todo está sobre la mesa de la vida / y falta tanto…/ para llegar a tu alma». En su poesía hay constante conjuración contra la privación sensorial, inhibición interna o toda limitación externa. Es mediante esa expresividad que se rescata lo que la poesía propone como su esencia originaria y su verdad.

Entre las formas simpáticas de captar lo cotidiano, pasarlo como si fueran fotografías «Instantáneas» a cuajarse en los versos, me encuentro al santafesino Oriel Visintini, creando sus inolvidables retratos de El Nene, Lucy, Inés, el Repartidor. En su aproximación, ratrata de paso y llora «mi norte solitario / Norte y Sur opuestos por el vértice»;

Fin de año
Como un telón teatral de ochava
se alzaba la persiana del despacho
de la panadería
y salían gentes sillas mesas
risas clericó llanto y pandulce
ollas cucharones vasos y los gritos
sapucay y la acordeona tío Argentino que gritaba un chamamé
Barrio Oeste en esa esquina de bailanta
Don Oriel con su pandulce
Doña Marta con boyero y clericó
bocacalles arenosas con mil huellas
-Año nuevo cada año cada baile cada abrazo

Y aquí, en las escenas de sus textos, hay sentido de festejo para desafiar lo aburrido y monótono. Todas las acciones impulsivas o excesivas sin sentido, necesitan del proceso replanteador del poeta que saca polvo a lo cotidiano.

En la prosa, también se está a menudo inclinado por el rastreo de lo cotidiano, aunque la racionalidad y el pensar poético operen del mismo modo. Sergio Fombona ventila su escepticismo filosófico en su ensayito Donde termina la risa. Si «somos nosotros únicos responsables del vuelco» en las expectativas, o del fracaso de las «invenciones paliativas» con que respondemos a las necesidades ad hoc, se vale la conclusión: «Las representaciones que tenemos en mente de la muerte son siempre lúgubres: cuerpos maquillados vestidos con su mejor ropa incrustados en un cajón mortuorio, incapaces de transmitirnos siquiera una señal, darnos la más mínima pauta de lo que nos tocará vivir cuando vayamos al otro lado. ¿Qué habrá al cruzar la flaca línea entre estar y no estar? No existe tal línea ni hay otro lado, ni vida prometida, son solamente invenciones paliativas...» Parecería que Fombona estuviese examinando el cansacio o fastidio que origina el guardar, arrinconar y olvidar el sentido de la vida, mismo que no requiere tantas presunciones o inventivas. La obsesión por el tener, al fin de cuentas, cesa, así la risa, y es cuando percibimos la miseria del hastío, o cuando ya, cautivos destrictivamente, pensamos que ya nada hay que divierta y distraiga auténticamente.

La especulación filosófica que descansa sobre un reconocimiento existencial y místico destaca con el santafesino Victor Hugo Arévalo Jordán, para quien «el Hombre vive el mundo» que, sin que lo entienda y practique, se guía por; «los designios secretos / de las leyes del espíritu», o una «naturaleza septenaria del ser» que responde a su vez a «Leyes del Cosmos». Mas, como planteamos en los inicios del temario, hay poetas que son oídos y observadores sociales en torno a si se utilizan bien los recursos dados y los dones, y Arévalo sobre el trabajo con la Palabra dice desde su convicción neognóstica:

... la palabra, tan sólo la palabra,
de la sabiduría de nuestros padres,
los Antiguos sabios...

será capaz de abrir el silencio («el silencio del hombre»)

y cuando hable el Silencio, será tiempo
de sonrisa del Hombre, será luz,
será alegría.

El poema no pone culpa ni levanta otra denuncia que la victimización humana por este silencio que convierte la vida en invierno, mtáfora que utiliza para la Maya / Ilusión de realidades fenoménicas. Si bien busca ecuanimidad en «el tránsito sereno de mi camino», observa:

he visto al que gobierna por tres poderes,
la política, súplica de moscas en la telaraña,
el materialismo, lógica y razón confusa,
la traición, arma desleal de la serpiente...

El encendido de la Palabra y el desafío al «silencio incoherente», como tema que fluye recurrente y épicamente por la antología, lo descubrimos en los textos de Ana Lucía Montoya Rendón, del Valle del Cauca, Colombia. «Y enciende mi palabra, / Para que en mi lucha, / Las únicas bajas. / Sean las falsas apariencias. / La mentira y la falacia». La poesía de Montoya es advocativa, dialogante, con ánimo reflexivo. «Y es la luz que enciende la letra. / La que ilumina al poeta. / La que receta profetas. / Y enseña la letra a los niños». Esta luz es la palabra, como material primario del poema y se reviste en esta muestra con el sentido correctivo y consolador:
Las palabras de un poeta.
Y que hagan fugaz la rabia.
Para encontrar la receta.
De esta vida encorsetada

Estos reconocimientos a la Palabra («sutil caricia» de letras) que, en la antología se dan como hallazgos comunes, o el tema que hila tanta diversidad de sentidores y pensadores, para convertirlo en el tesoro escondido (de diamantes) que menciona Alicia Fontecilla, en su poema «La Palabra», cuando dice: «este tesoro / este diamante, este pequeño dios / este huracán de fuego». Y cuando se carece de la palabra, como se describe en Poemas más que breves de Gabriela Bruch (argentina), la sensación es desoladora.

IV

no
tengo nada que decir, no tengo nada que escribir
se fueron las
palabras
ahora son niños perdidos
pero sin ninguna isla a dónde
llegar

V

palabras como niños que se ausentan

colores que pugnan por estremecer(me)
una flor solitaria en la arena
y el viento del sur
que jamás conocerá / las buenas costumbres

bendito sea

Gabriela Bruch

(3) Es interesante la meditación del bonaerense Luciano Doti sobre el proceso de creación: «El escritor está al acecho; va desgranando de su mente las letras que darán forma a su nueva creación. La hoja se va colmando de caracteres que germinan cual semillas; entonces, el vacío ya no es tan vacío y el desierto luce un poco menos desierto. ¡Mentira!, es sólo un truco del artista, que ha hecho ver algo donde no hay nada... A mí me resulta imposible imaginarme mi vida sin estos nocturnos desvaríos, sin la literatura que brota de lo profundo de la noche como torrente de agua que viene a regar un desierto». Utilizando metáforas cosmológicas en su ensayo, dice: «La noche es el territorio de la libertad, una dimensión donde reina el libre albedrío. El silencio, un agujero negro en la oscuridad». ¿En que otros autores vemos la intención de aproximarse descriptivamente al proceso estético?

Pienso en las metáforas e interrogantes de Belkis Arredondo OIlivo (de Venezuela) en torno a la suerte final de los poemas' los compara con aves cautivas.Unos pajarillos (que son los) «pequeños aletean perseguidos / por lo que vivieron una vez / he pensado en soltarlos / me detiene que en la urbe / en libre albedrío mueran». Ante un esperado «día de fiesta», de estar juntos en «reencuentro» y ver al que vendrá, el trabajo de Belkis Arredoindo con la pluma, las aves, el colibrí y la muerte, es fascinante.

(4) En muchos de los poetas que explorar su ser / su amimalidad y su misterio / desde capas profundas, no sociales, las imágenes de los Arquetipos le brindan el asidero. La chilena Alejandra Zahri enfrenta sus demonios en Aullido de Loba en Celo, Brujo de pasiones y en otros «dioses del Olimpo» que son perfiles arquetípicos de «el demonio en el infierno» y «los ángeles, observando», el proceso intrasíquico y sensual humano. Desde esta perspectiva también escribe Osvaldo Lázaro, argentino; pero, éste quiere ser consciente de sus métodos:

A veces tengo la desgracia de soñar, de dirigir el tiempo
a una fantasía presumida,
a una cábala de antigüedades menos trémulas
hacia algunos pasos que acopian el dolor en mi futuro,
y otras veces mancho todo, atado a una tinta venenosa
que subleva con alambres la huella de mi destino.

Y en el final nunca encuentro la forma…
donde proyectar los muertos
que viven en mi.

Entre los ojos y los baldíos

Algunos de estos autores, más entre quienes cultivan la prosa (microrrelatos, cuentos y ensayos) lo mismo que la poesía, participan de la creación, en cuanto hay un examen y alerta socio-político que le mueve a dar de tal aspectualidad libremente; la aproximación a una cotidianidad que frustra representa otro asomo, así como los motivos de sicología de arquetipos. Los tres aspecos también podrían coincidirse como estímulos en ellos. Este es, por seguro, el caso de Norma Segades, la mexicana Lina Zerón y otras extraordinarias poetas convocadas a la Antología Anual «Sin Fronteras».

Para cada autor, este libro colectivo se vale como una colección parcial de algún aspecto, no como expresión holística ni parnorámica de su obra. Concluir acerca de cuáles son las preferencias temáticas, estilística y autorales, de cada poeta o narrador incluído es difícil por el número limitado de textos. Siempre la muestra resulta pequeña y, como en el caso de Carlos M. Valenzuela Quintanar no es posible asignar a este autor una preferencia por el hedonismo amatorio, el culto a la belleza de las hembras (como es lo presentado en esta antología), cuando hemos visto por textos suyos muy definidas procupaciones sociales y su particular compromiso con las causas campesinas de su México natal.

(5) Aunque creo que las imágenes, la plástica de color y forma, tiene su propio lenguaje, al que le pueden nacer palabras, aquí sólo podremos estremecermos ante la fuerza y expresiidad de la muestra. Uno de l;os cuadros que más me gustaron lo contribuye la argentina Griselda García Cuerva; impresiona la oferta visual del peruano Oswaldo Mejía, desnudos de maniquí, que parecen desechados; un dibujo irreverente e impactante acullá de la zaragozana Pilar Bamba, cuadros de otro español, de Navarra, Elías Garralda Alzugaray, el arte de Roy Evan Miranda, chileno, Ricardo Calanchini (Santa Fe, Argentina) entre otros. Finalmente, destacaría que hay una muy diversa muestra de arte y fotografía artística digital, e.g., Marta Zárate de Righi, de Argentina, y Xolot Polo (México DF-México)

Carlos López Dzur / En Colaboradores
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